Por Flga. Karin Silva, Centro Thera4Kids Chicureo
La alimentación es un proceso de aprendizaje que se da de manera temprana. No responde solo a una necesidad fisiológica, sino también a necesidades de comunicación, afecto, oportunidades de aprendizaje y seguridad emocional. Requiere de habilidades previas en el desarrollo del niño para incorporarse como un acto natural.
¿Qué influye en el proceso de alimentación?
- Rutinas y hábitos
- Ambiente y cultura
- Familia y sociedad (estilos de crianza, variedad en la dieta, lactancia, entre otras)
- Características individuales
- Condición médica (alergias alimentarias, dificultades gastrointestinales)
- Habilidades motoras
- Habilidades oro-motoras
- Procesamiento sensorial
¿Por qué los niños pueden rechazar un alimento?
Los niños pueden rechazar los alimentos por la complejidad de la textura, por falta de experiencia, o porque aparece la etapa de neofobia (entre los 2 y 6 años de edad).
La neofobia alimentaria — también conocida como “niños picky eater” — es el miedo genuino a ingerir alimentos nuevos o desconocidos. Es una etapa completamente normal, con una función evolutiva: actúa como mecanismo adaptativo, un reflejo de supervivencia que evita el consumo de sustancias potencialmente peligrosas. Por eso los niños comen menos frutas y verduras en esta etapa.
¿Pero qué es la selectividad alimentaria?
Se define como el rechazo de una cantidad sustancial de alimentos nuevos, donde alimentos previamente aceptados se vuelven restringidos, o donde se rechazan alimentos por sus características sensoriales (Brown, 2010; Dovey et al., 2008; Taylor et al., 2015).
Algunos autores explican que la selectividad alimentaria sería una forma severa de neofobia, donde niños y niñas rechazan alimentos conocidos cuando cambian en forma, tamaño o color dentro de sus preparaciones. Por ejemplo: un niño come solo zanahorias en bastones, pero si se le presentan en círculos o dentro de una comida, las rechaza.
Esto suele ser una característica común en niños con condición del espectro autista (CEA), pero también se da en niños sin esa condición — es preocupante cuando se sostiene en el tiempo.
¿Cuándo consultar a un especialista?
Si tu hijo o hija presenta dos o más de estas conductas, deberías consultar por una evaluación:
- Llora, se desorganiza, se asquea o vomita frente a alimentos nuevos.
- La hora de comer parece una verdadera batalla.
- Existe rechazo a los alimentos por sus características sensoriales (texturas, color u olor).
- Después de 20 exposiciones, sigue sin querer probar nuevos alimentos.
- Su conducta es rígida: las comidas deben prepararse siempre del mismo modo, o solo come alimentos de una marca determinada.
- Come su comida favorita hasta cansarse, y no incorpora alimentos nuevos a su dieta.
Lo que no ayuda
Obligar, presionar o castigar cuando el niño no come (“te quedaste sin…”) solo lleva a un rechazo sostenido en el tiempo — reforzamos justamente la conducta que queremos modificar. Esto suele venir acompañado de una creencia limitante: “es mañoso, por eso no come”.
Muchas veces, por desconocimiento, pasamos por alto los múltiples factores que pueden estar influyendo en el rechazo alimentario. Para crear un proceso amoroso y respetuoso, siempre es mejor consultar a un especialista.

Es impotante actar que muchas personas piensn también “son cosas de niños, con el tiempo se le pasará” mas en el caso del autismo no suele ser así.
Yo que so un adulto dentro del espectro autista de niño ciertamente era super selectivo mas con el paso del tiempo he ido poco a poco aceptando los alimentos que antes rechaaba. Aun así ha algunos pocos alimentos que aún suelo rechaar tales como:
*Cebolla
*Margarina
*Calabaza (zapallo -Sudamérica-/auyama -Caribe-)
*Hígado
*Papaya (frutabomba/mamón/lechosa)
Hola Carlos,
Aprecio tu comentario y quiero reconocer la importancia de abordar el tema de los hábitos alimentarios selectivos en el contexto del autismo. Es crucial entender que estos hábitos pueden perdurar en la vida adulta, a diferencia de lo que comúnmente se observa en otros casos.
Sin embargo, quiero resaltar que un enfoque temprano puede ser fundamental para ampliar el rango de alimentos consumidos. A menudo, las personas con autismo que tienen un perfil sensorial desregulado tienden a limitar su alimentación a opciones consideradas “seguras”, que tienen una textura y sabor en cada bocado. Esto puede excluir alimentos que varían en características como la manzana o la uva, que pueden tener diferentes niveles de dulzura o acidez, así como variaciones en la textura o vantidad de líquido al darle un mordisco.
Con una terapia adecuada, tanto niños como adultos pueden aprender a incorporar una variedad más amplia de alimentos en su dieta. Es esencial comprender que estas preferencias alimentarias no son simplemente “cosas de niños” que desaparecerán con el tiempo, y que un enfoque proactivo puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida .
¡Gracias por compartir tu experiencia!